Es difícil para muchas personas asimilar la muerte de un perro, en especial si se trata de la mascota a quien consideramos parte de nuestra familia.

A mi me ha pasado hace unos días y la impotencia de sentir que tu mascota se ha ido es abismal. Ya no lo encontraré en casa cuando regrese, ya nadie me recibirá como él solía hacerlo, todas esas cosas se han ido, pero aún queda el recuerdo de los buenos momentos guardado en mi corazón.

Una de las cosas más terribles que atravesarán las personas que han perdido a su perro, no se centrará solamente en el día específico de la muerte, que si bien es muy doloroso y toda la ceremonia del entierro, si la hay, también lo es, el rato más amargo llegará luego, cuando en los días siguientes te des cuenta de que tu mascota ya no está más.

En mi caso, por ejemplo, mi mascota venía todos los días a eso de las 3 de la tarde y rascaba la puerta de mi cuarto para quedarse a dormir aquí un rato, mi mascota ya no está más, pero a los dos días de su muerte me pareció escuchar un ruido en mi puerta, pensé que sería él, peor me acordé que ya no está aquí conmigo.

Como este tipo de cosas pasarán muchas que inundarán nuestros recuerdos, sin embargo, lo mejor de todo es recordar a ese ser querido, a nuestra querida mascota, como solía siempre ser, con la alegría de los buenos ratos que pasamos, recordando sus travesuras, pero sin pena, sino con la alegría de saber que ahora nuestro perro está descansando y que en algún momento, tarde o temprano, nos volveremos a encontrar.

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